26 noviembre, 2008

El Empleo del Tiempo


Por Gabriela Puente, exclusivo para Trabajo 21
Una reseña vívida y detalla de esta excelente película característica del Mundo del Trabajo moderno.
El Empleo del Tiempo:
Dirección: Laurent Cantet.
Guión : Robin Campillo, Laurent Cantet.
Intérpretes: Aurélien Reming, Karin Viard, Marie Cantet.
Francia, 2001, 133’.

El protagonista de esta película francesa pierde su empleo y toma la singular decisión de ocultar la infortunada noticia a su familia. Para ello debe simular que fue promovido y ocupa un cargo en un sector codiciado de la empresa para la que solía trabajar, la mentira implica tomar una serie de medidas que lo obligan a alejarse de su familia.

Dos razones lo alejan de su familia; por un lado, ésta es el órgano privilegiado de un sistema de control que invade espacios cada vez más ínfimos. La familia más cercana se convierte en un enemigo oculto que, conforme avanza la película, se va volviendo más explícito. La soledad que conlleva dicha enemistad es una continuación de la lógica individualista actual, estimulada por la devoción al éxito entendido como la meta final luego de un proceso -constante- de competencia.

Por otro lado, Vincent, el protagonista, no puede pasar tiempo con su familia porque esto implicaría desembozar aquello que debe ocultar a todo precio, esto es, el ocio; no sólo por la obvia razón de que aceptar el tiempo de ocio sería admitir la pérdida del empleo, sino por una razón más estructural: el tiempo libre es una ofensa contra una sociedad que interpreta la acción humana como hacer productivo.

El ocio es pasible de quedar fuera de la lógica del cálculo y control capitalista del tiempo; escapando a su transustanciación en dinero, justamente por ello es decodificado a través de características negativas: en algunos casos es concebido sencillamente como tiempo desperdiciado; en otros casos, es caracterizado como un lujo de ciertas personas que viven acorde a etapas de producción precapitalistas al aumentar sus fortunas a través de ingresos pasivos; todas estas nociones de la temporalidad son marginales y por tanto inaceptables para la mayoría de la sociedad.

El sistema basado en la lógica costo-beneficio ataca fuertemente la posibilidad de la existencia de un tiempo libre improductivo; el sector de los servicios es el “actor” llamado a exorcizar el carácter negativo de este tiempo y compelerlo a devenir la otra cara del tiempo productivo; el ocio, una vez exorcizado, se transforma en el terreno del consumo por excelencia, el cause donde va a parar el dinero que resulta del tiempo vendido.

Por el contrario, ante la mirada del protagonista el tiempo libre se despliega como una forma temporal opuesta al infierno del empleo rutinario del tiempo; el ocio es más eternidad que tiempo, tiempo sagrado y circular sin otro fin más que sí mismo. Pero es, sin embargo, una meta inalcanzable.

El tiempo disponible del protagonista no acaba nunca de convertirse en el ocio tan buscado. Esto es así porque el protagonista una vez que tiene tiempo socialmente codificado como inaceptable debe transmutarlo en tiempo “pseudo bueno” que será empleado en orden a conseguir un fin cuantitativo; el tiempo ya no podrá independizarse de ese fin.

Por tanto, el tiempo libre termina siendo la moneda con la que el protagonista adquirirá dinero sucio -resultante de negocios fraudulentos- que le permitirá evitar la rutina tan temida; de esta manera el dinero es reposicionado como meta inmediata.

Sin embargo la reposición del dinero como meta no es suficiente ya que dichos negocios fraudulentos amenazan con la continuidad del sistema, la rebeldía debe ser anulada, y así -una vez reposicionada la relación tiempo-dinero y exorcizado el carácter negativo del tiempo de ocio-, Vincent deberá obtener un empleo similar al que había perdido volviendo a la rutina del tiempo productivo.

3 comentarios:

Cristian Kuklis dijo...

Excelente Gabriela, muchas gracias!!!

Cynthia Mariani dijo...

Que buen material! me dieron ganas de verla!

Anónimo dijo...

Hola,

Me llamo Liliana Costa y soy una redactora freelance que colabora con una de las principales webs de avisos de Chile.

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Liliana Costa