18 junio, 2008

¿Cuál es tu remuneración pretendida?

En los tiempos de nuestra Argentina, de economía fluctuante, la ya acostumbrada a escucharse pregunta podría perder su razón de enunciación. He escuchado decir al respecto que quién no puede responder a la pregunta denota cierta debilidad. La de no saber cuánto vale su trabajo, o lo que es lo mismo, la debilidad de no hacerse valer ante el entrevistador. Aun así, no puedo dejar de pensar que la pregunta es en esencia difícil de responder. Como todo encontramos quienes la resuelven sin inconveniente alguno, pero me atrevo a decir que para más personas el momento de afrontar la respuesta conlleva bastante angustia.

Es verdad, podemos pensarlo fríamente. La entrevista laboral es en parte negociación, tenemos un comprador y un vendedor, roles que dependiendo la jerarquía del puesto y la empresa en cuestión, pueden oscilar entre un lado y otro del escritorio. Siguiendo esta línea de pensamiento, cuando el entrevistado está a la venta, debe tener en claro cuánto vale su experiencia, su potencial de desarrollo, sus competencias y el puesto que está dispuesto a dejar para asumir el nuevo riesgo/desafío. Por la otra parte, el selector necesita asegurarse que la oferta de remuneración que la persona está dispuesta aceptar sea duradera en el tiempo y que no surga un pedido de aumento, digamos…al cuarto mes.

Ahora, dejemos la frialdad para la teoría y pensemos que no importa de qué lado estemos, esos roles son siempre ocupados por personas (o al menos por ahora!). Uno queriendo hacer su trabajo de la mejor manera posible, otro queriendo mostrar en la medida de lo posible lo mejor de sí para obtener el trabajo. A un lado una persona trabajando, con presiones, demandas, requerimientos y el fin último e inexorable: conseguir a la persona más idónea para el puesto. Al otro lado, una persona trabajando de buscador de trabajo, vaya a saber uno desde hace cuánto, en un contexto económico particular y dentro de un mercado que lejos esta de poseer estándares de remuneración claros sobre los cuales basarse.

Quizás es hora entonces, de modificar lo establecido, de posicionarse desde otro lugar. Pensemos que existen otras maneras de abordar la pregunta. Empezar, por ejemplo, preguntando por la remuneración actual (o última si no se encuentra trabajando al momento de la entrevista) puede ser una vía más amigable para comenzar a charlar del tema, sin incomodar o descolocar al candidato. A los entrevistados, prepararse para la entrevista, pensar a conciencia, hacer los cálculos y extenderlos en el tiempo si hace falta, para entender qué nivel de remuneración será el necesario para solventar los gastos y llevar el nivel de vida que se quiera llevar.

2 comentarios:

Paula dijo...

Muy bueno Sofia!

Carolina Ranieri dijo...

Me sumo al comentario de Paula. Muy buen post!