02 octubre, 2007
Integrar el trabajo y a los hijos: Una asignatura para las empresas
13 junio, 2007
Jóvenes profesionales: ¿Un futuro brillante?
La terminología joven profesional, o JP, encierra una definición mayor que la que nos muestra el análisis semántico. Es una categoría organizacional que define genéricamente a aquellos graduados inexpertos que se incorporan a la empresa tras un programa ad-hoc y que se les planifica una carrera y un futuro de toma de decisiones dentro de la misma. Aunque la teoría define a estos novatos con gran potencial como una elite de futuros líderes y un semillero de talentos para el futuro, la práctica muestra matices que deben ser tenidos en cuenta.
07 mayo, 2007
Assesstment Center: Una técnica que ayuda a encontrar al candidato ideal
25 febrero, 2007
Capacitación Outdoor
27 enero, 2007
Entre la oferta y la demanda
17 diciembre, 2006
Mobbing en las organizaciones
22 octubre, 2006
¿De qué Trabajas?
19 agosto, 2006
El Trabajo es más que el Trabajo
El fenómeno de restructuración de todos los aspectos vinculados a la generación de empleo, hacia la polifuncionalidad y la flexibilización se encuentra en marcha inexorablemente. No obstante, los cambios, pueden afrontarse de diferentes maneras. Las negociaciones entre los Gobiernos y las empresas, deben hacerse desde un marco de buena voluntad y comprensión absoluta de la situación de los paises. Desde el Estado se debe priorizar la dignidad del trabajador por sobre las especulaciones empresariales. Y garantizar el cumplimiento de los derechos constitucionales. Castel, entiende que la Sociedad Salarial, es una construcción histórica y que no es eterna. Pero la juzga como una referencia viva, porque realizó un montaje inigualado de trabajo y protecciones en las democracias occidentales. El autor considera que no hay ninguna alternativa creíble a la Sociedad Salarial. Y que en el futuro, serán determinantes dos variables: El análisis intelectual de la situación compleja y la voluntad política de dominarla, manteniendo la cohesión social.
15 junio, 2006
La importancia de las competencias laborales actitudinales
En el imaginario colectivo, el profesional de sistemas es definido a través de una estereotipia de sus cualidades. Se lo considera, a grandes rasgos, una persona de un perfil poco comunicativo e introvertido, analista, metódico y detallista. Su fortaleza radica en su expertez técnica, generalmente aprendida a través de una importante currícula de educación formal.
Ahora bien, ¿qué puede frustrar el ascenso de un profesional de sistemas en su carrera hacia un cargo gerencial del ámbito de su especialidad?
La respuesta desde ya podría abarcar diferentes dimensiones de análisis. Si suponemos cierto el estereotipo anterior, podremos considerar el factor actitudinal, como ítem no valorado e incomprendido a la hora de analizar el fracaso de la estrategia por obtener un puesto gerencial.
Las competencias actitudinales, forman, junto a los conocimientos y habilidades, la triada de competencias laborales, que en su estándar más alto definen nuestras fortalezas de trabajo. La actitud, a diferencia de las otras competencias mencionadas, generalmente es una cualidad innata del ser humano y no fácilmente pasible de ser aprendida o adquirida, como si pueden serlo los conocimientos (en idiomas, por ejemplo) o las habilidades (práctica en el uso de un software en particular).
Las más importantes cualidades actitudinales que requieren los perfiles gerenciales, donde los gerentes de sistemas no son la excepción, se mencionan a continuación:
¨ Liderazgo
¨ Iniciativa y tenacidad
¨ Relaciones públicas
¨ Comunicación
¨ Planificación y organización estratégica
¨ Orientación a resultados
¨ Orientación a la calidad
¨ Conciencia organizacional
¨ Autoridad
¨ Desarrollo y motivación de personas
¨ Trabajo en equipo y delegación
¨ Negociación y persuasión
¨ Asunción de riesgos
¨ Confianza en sí mismo y autocontrol
Estas competencias en muchos casos entran en contradicción con el estereotipo del profesional de sistemas anteriormente mencionado, pero son fundamentales para acceder y desarrollarse en cargos gerenciales. Los estereotipos son repeticiones de comportamiento; los cargos gerenciales son para quienes rompen esta regla establecida y marcan la excepción: a los conocimientos y a las habilidades le agregan el plus de la actitud para liderar.
Bibliografía consultada:
“Competencia laboral” de Leonard Mertens
“Dirección Estratégica de Recursos Humanos: Gestión por competencias” de Martha Alles
01 mayo, 2006
Los seleccionadores y el respeto por la gente
Situación 1:
Un consultor privado contratado por una firma multinacional se comunica con uno de los candidatos a un puesto en particular. De manera cómplice le dice: “En la empresa has dado una excelente impresión, sos el primero en las preferencias, así que pronto te estaré informando que el empleo es tuyo”.
Setenta y dos horas después el mismo consultor le comunica por email al mismo postulante sin mayores explicaciones: “Lo lamento, el puesto lo ha cubierto otro candidato”.
Situación 2:
Situación 3:
Luego de tres entrevistas, el seleccionador eligió una terna de candidatos a los que convoca individualmente para entrevistarlos una cuarta y ultima vez. En esta última instancia el seleccionador se despide de los tres de la misma manera: “Personalmente me voy a comunicar con cada uno de ustedes para informarles la decisión que tomé y les informaré si fueron o no seleccionados”. Al otro día se comunicó su secretaria con sólo uno de ellos para convocarlo al examen médico de rigor.
Cuántas situaciones más se podrán agregar, cuántas experiencias casi calcadas se podrían mencionar, que, aunque posean diferentes matices, tendrán una matriz en común: la falta del respeto necesario para afrontar la SELECCIÓN DE LOS RECURSOS HUMANOS, una tarea fundamental que requiere, más que personal de perfiles técnicos profesionales, personas moralmente educadas, con sentido común y con estrecho compromiso por el factor humano, léase por las personas.
En otros artículos me he referido al tedioso y angustiante “trabajo de buscar trabajo”, a los sentimientos encontrados que esto conlleva, a la fuerte carga emotiva que indefectiblemente el desempleado pone en juego en cada búsqueda laboral a la cual postula.
El seleccionador de personal es en gran medida un administrador de sentimientos, más allá de que esta apreciación no figure en su análisis de puesto. Sus decisiones, en teoría frías y calculadas, provocarán en el postulante, felicidad o angustia, esperanza o resignación. Generarán alegría o tristeza no sólo a un desempleado sino a toda su familia y amigos. Podrán hacer reflexionar severamente a un candidato sobre su perfil laboral, sobre su desempeño en las entrevistas, sobre sus chances de inserción o reinserción laboral. Sin exagerar sabemos que la falta de trabajo y las constantes desilusiones en la búsqueda laboral por sí solos, puede provoca en los seres humanos, graves problemas en las relaciones interpersonales, trastornos de salud, modificaciones en el carácter, etc. Estas situaciones sumadas al accionar de algunos seleccionadores que omiten el respeto por el prójimo como competencia laboral fundamental para cumplir con excelencia su trabajo, convierten a la búsqueda de empleo en una actividad cruel.
Conclusión:
El seleccionador al cual me he referido en este artículo considera llanamente al solicitante del puesto como cliente y al postulante como un recurso para lograr finalizar con éxito la búsqueda laboral encomendada por el primero. En el transcurso del proceso prueba y utiliza los distintos recursos. Los más aptos para cumplir con su fin, los pondera y los sigue analizando. Los que no les sirve, simplemente los descarta. Estos parecen pasos lógicos en cualquier resolución de un problema, pero no lo son en un proceso, donde lo que se selecciona son personas. Las situaciones descriptas en el comienzo del artículo como tantos otros ejemplos muestran lo fácil que el seleccionador de personal puede faltarle el respeto al postulante a través de mentiras, de insensibilidad y de carencia de sentido común. Estas son faltas gravísimas de índole ético y técnico y también son un duro escollo para que el profesional del área de recursos humanos logre la jerarquización que la actividad requiere y el reconocimiento social que la profesión merece.
01 abril, 2006
¿Buscás empleo o buscás TU empleo?
Breve reflexión sobre un tema del que muchos hablan y pocos conocen
No es extraño en una entrevista laboral que una persona que está buscando trabajo manifieste su intención de trabajar de cualquier cosa o en cualquier área o sector, en cualquier modalidad contractual, en equipo o solo, en un buen clima laboral o no.
Esta situación, que superficialmente pareciera reflejar una absoluta predisposición del individuo por conseguir el empleo, refleja para el análisis del seleccionador, que el postulante consciente o inconscientemente está incurriendo en alguna/s de las siguientes situaciones:
1) Su estrategia para conseguir trabajo es coincidir con todos los ítems del perfil del puesto. Al desconocer el perfil exacto solicitado, se muestra predispuesto a todo, a realizar un trabajo creativo o monótono (le es indistinto), a trabajar solo frente a una computadora o al contrario sumarse a un equipo de trabajo numeroso y heterogéneo, etc. Su estrategia falla, porque al no permitir que el seleccionador conozca el verdadero perfil y objetivo laboral del postulante, aquel no puede determinar sus verdaderas competencias laborales. Aunque mostrar predisposición para conseguir trabajo es una excelente actitud, esto no significa que debemos exagerar esta competencia actitudinal al punto de ocultar nuestro perfil.
2) Inconscientemente, por desconocimiento de esta práctica, el postulante no realizó aún el ejercicio básico de introspección donde analiza sus fortalezas y debilidades y donde define sus preferencias, donde comprende las competencias laborales que tiene, las que puede desarrollar y también los conocimientos, habilidades y actitudes que debe mejorar. En este caso, el postulante llega a la entrevista sin preparación ni estrategia y ante las preguntas orientadoras del entrevistador para conocer su perfil, responde afirmativamente aunque sin convicción, porque no definió aún su verdadero perfil laboral.
3) Un tercer caso puede ser el del candidato que por diferentes motivos lleva un tiempo en el duro proceso de búsqueda laboral sin buenos resultados y que las imperantes necesidades económicas, la angustia, la pérdida de fe y falta de seguridad lo han llevado a ampliar deliberadamente su campo de acción (léase tipo de perfil solicitado, el nivel del puesto, etc.) y postularse masivamente a ofertas que no coinciden con su perfil laboral. En muchos casos esto sucede con profesionales de más de 45 años que se postulan a cargos de seniority inferior y remuneraciones no acordes a su experiencia y trayectoria. En este caso es evidente que la estrategia con la que el postulante inició su (re)inserción laboral mutó por las situaciones ya mencionadas en una suerte de estrategia del caos, donde lo importante es insertarse laboralmente ya, sin importar dónde. El seleccionador de personal comprenderá esta situación y llevará la entrevista con la profesionalidad que el caso requiere, pero se ajustará al perfil que la búsqueda establece y desechará como potencial candidato, para cubrir este cargo en particular, al postulante.
Conclusión:
Buscar trabajo es un proceso difícil y en algunos casos, largo y tedioso. Lo importante es determinar cuáles son las herramientas con las que inicio el camino hacia conseguir empleo. Debo conocer más que nadie cuáles son mis fortalezas y mis debilidades, cuáles son mis competencias laborales actuales y qué conocimientos, herramientas o actitudes me separan hoy del empleo que deseo obtener, y luego de este análisis, obrar en consecuencia. Aunque estos consejos, a simple vista parecieran restringir nuestro campo de acción en la búsqueda laboral, no hacen más que establecer los primeros pasos, lógicos y factibles, para tener éxito en esta empresa.
23 marzo, 2006
Opinión: Educación y trabajo: ¿Hacia la Licenciatura en Nada?
La capacitación y la formación continua de los recursos humanos de un país en desarrollo como la Argentina debería orientarse desde el Estado, como herramienta fundamental para cumplir con las metas y necesidades necesarias para la concreción de un proyecto de país donde impere el pleno empleo y se eliminen las desigualdades sociales.
Se debe a la falta de planificación estatal (y no una curiosa casualidad) la superpoblación en algunas facultades y la falta de alumnado en otras. En nuestro país, el país de las contradicciones, teniendo un alto desempleo, faltan trabajadores calificados; a pesar de que en el corto plazo se observa la necesidad de contar con mayores profesionales en diferentes áreas específicas, no se evita la fuga de cerebros y el autoexilio económico de cientos de jóvenes calificados que en muchos casos son formados precisamente por universidades estatales.
“Si no estudiás, no vas a conseguir trabajo” es una falacia viendo el comportamiento del mercado de trabajo argentino actual y la falta de políticas educativas que consideren a la formación para el trabajo como un objetivo estratégico. La escisión de las prácticas de todo el sistema educativo, con la importancia y real significado del trabajo, como actividad generadora de identidad y utilidad social y, desde ya, como máxima fuente de ingreso económico de las personas, así lo indican. El prestigioso investigador Julio César Neffa, en el texto "Algunas reflexiones preliminares sobre Empleo y Desempleo en Argentina", luego de detallar algunas ideas con respecto a la otrora infalible ecuación "mayor PBI = menor desempleo", comenta:
"...la educación juega cada vez más la función de ser sólo un primer filtro en la fila de espera de quienes buscan empleo. De ahí la importancia de la reforma del sistema educativo, para que durante el periodo de escolaridad obligatoria, los jóvenes adquieran una experiencia laboral real en una profesión que facilite posteriormente su ingreso en el mercado de trabajo."
Una "experiencia laboral real", podría articularse con programas de inserción en el mercado de trabajo para jóvenes del último año de la escolaridad obligatoria. Y "profesión" puede también llamarse, en algunos casos, "oficio calificado". Estas propuestas, desde el Estado, deben ser consecuencias inmediatas del análisis de las necesidades educativas en materia laboral. Y en todos los casos, deben apoyarse en los beneficios de profundizar el tándem "educación / trabajo", y así evitar los costos sociales y económicos de formar, en términos de empleabilidad, “Licenciados en Nada”.

